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Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU.
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Fomentar el regalo de la vida para las familias en todas partes

Nick
Nick
beneficiario de hígado
North Carolina

Más de 60 años atrás, un niño de 12 años llamado Nick subió a un transatlántico para abandonar Grecia porque había quedado devastada por la guerra, y se fue a vivir con su tío en Carolina del Norte.

"No tenía ni un centavo", dice Nick. "Estaba en pantalones cortos y llevaba dos maletas de madera y un cartel de cartón alrededor del cuello que informaba al personal del ferrocarril a dónde tenía que ir".

Cinco años después del día de su llegada, Nick se convirtió en ciudadano estadounidense. Comenzó a trabajar y a construir una vida para él, y poco tiempo después, para una familia cada vez más grande.

En la actualidad, él y su esposa Susan han estado casados por 54 años. Tienen cuatro hijos adultos y diversas empresas. Sigue siendo un "adicto al trabajo", dice Susan. "A Nick le gusta decir que trabaja 'medio día'. De 7:30 a.m. a 7:30 p.m., eso es medio día".

Además, siempre gozó de buena salud. Solo consultó con un médico cuando una hernia comenzó a molestarle. Lamentablemente, los exámenes mostraron algo más preocupante.

El hígado de Nick estaba fallando, y le dijeron que necesitaría un trasplante. Al principio, Nick no estaba seguro de querer estar en la lista de espera para un trasplante. Después de todo, ya tenía más de 70 años, y le preocupaba que la cirugía fuera una carga para su familia.

Pero su familia y sus médicos lo convencieron de lo contrario. Sus médicos le señalaron que tenía un buen estado de salud general, y, como dice Susan, "Nick es el patriarca de nuestra familia. No sé que haríamos sin él".

Milagrosamente, a menos de un mes de haber ingresado en la lista, Nick se enteró de que un hígado compatible estaba disponible, de un donante varios años mayor que Nick que tenía 73 años en ese momento. La cirugía fue un éxito, y pronto Nick se recuperó y volvió a trabajar. "Su vida todavía no había terminado", dice su esposa.

Nick está agradecido por el regalo de tiempo adicional, y siente una responsabilidad hacia su donante. "La persona que me dio este órgano me obsequió el regalo supremo... el regalo de la vida. Tengo la responsabilidad de cuidarlo y retribuir a mi familia y a mi comunidad".

Nick también es un donante registrado. "Es una deuda recíproca", dice. "¿Por qué desperdiciar un regalo tan valioso cuando alguien puede beneficiarse con él? Si existe alguna forma en la que puedo ayudar, lo voy a hacer".

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